Prólogo

He vuelto. La vida ha estado un poco patas arriba desde la última vez que estuve por aquí. Así que, un breve resumen:
Renuncié a mi trabajo como profesora.
Conseguí el trabajo de mis sueños.
Me despidieron.
Conseguí un trabajo en una tienda.
Empecé a estudiar.
Me ascendieron a subgerente de la tienda.
Recibí una oferta de trabajo y la acepté.
Renuncié a la tienda.
El trabajo nunca llegó a empezar.
Conseguí otro trabajo.
Vuelvo a ser profesora, pero trabajo desde casa.
En otoño regresaré a mi antiguo trabajo de enseñanza.
Así que... en ese punto me encuentro en este momento.
Quizás te estés preguntando: «Pero, Krishna, ¿no se suponía que odiabas enseñar?». Al contrario, amigo; me encanta, pero me sobreestimulaba con demasiada frecuencia, y resultó que la causa era un desajuste en mi medicación. Ahora tengo mucha más capacidad de gestión y he vuelto a encontrar la felicidad. No obstante, en última instancia, decidí regresar porque valoro la estabilidad económica que ese trabajo nos ofrecía a mí y a mi familia. En este mundo, el dinero, en cierto modo, sí equivale a la felicidad. Así que supongo que también estoy retractándome de mis afirmaciones anteriores. Extraño patinar, pero ahora me resulta difícil hacerlo, ya que el patinaje es costoso; además, me metí en un cierto aprieto económico durante mi último episodio y todavía estoy intentando salir de ese agujero.
Sin embargo, he logrado encontrar alegría en cosas más sencillas. Por ejemplo: estudiar y sacar buenas notas, hacer ganchillo (que no es lo mismo que tejer con dos agujas), pasar tiempo de calidad con mis amigos, ir al gimnasio, etcétera.
A veces, todo lo que necesitamos es bajar el ritmo, hacer una pausa y volver a empezar.
Ahora bien, no sé cómo se desarrollará el próximo año, pero tengo fe en mi medicación y en mi terapia; confío en que seré capaz de afrontarlo todo mejor y de gestionar mis emociones con mayor eficacia.




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